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Tiempo de la Creación

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Hemos concluido el Tiempo de la Creación 2020. Es hermoso bucear en la web oficial de este hito para encontrar una enorme diversidad de participantes e iniciativas a escala global. Nos escontramos con la riqueza del ecumenismo cristiano y, por supuesto, con la humildad de saber que como Iglesia Católica nos hemos incorporado recién en 2015 a esta celebración anual, promovida hace más de 30 años por la Iglesia Ortodoxa.  

El papa Francisco nos sumó, pero no lideramos. Esa conciencia nos facilita ponernos en camino junto a otras corrientes muy diversas, dentro y fuera de cualquier tradición espiritual. Por que el objetivo es urgente y de la máxima ambición: restaurar la Creación. Las víctimas de los abusos que estamos cometiendo contra ella no pueden esperar. A. Zampini, secretario del Dicasterio para el Desarrollo Humano Integral señalaba en uno de los coloquios de este tiempo que no basta con nuestra conversión personal a la Ecología Integral, sino una conversión profunda que apunta al sistema entero, que produce un exceso tanto de recursos como de inequidad, destruyendo a su vez la propias fuentes de la vida. En este camino nos encontramos con los distintos movimientos que desde las corrientes ecologistas, feministas, de la economía social... están remando en la misma dirección.  

Al celebrar este Tiempo de la Creación profundizamos en nuestra conciencia eclesial, ecuménica, social y humana. Este año vino con dos acentos claros: el dolor y temor ocasionados por la pandemia a escala global y la invitación al Año Laudato Si‘ iniciado el pasado mayo. El coronavirus nos obliga a mirar a nuestra fragilidad, lo que nos ayuda a amar, y a la necesidad de cooperar para seguir adelante, actitudes igualmente necesarias para restaurar la Creación. En esta encrucijada, Francisco nos invita con este Año de celebración especial a imaginar y dar pasos hacia  nuevos modelos de persona y de sociedad. La mentalidad extractivista nos hace relacionarnos con los otros y con la naturaleza en función de lo que podemos obtener de ellos. Pero lo que nos defina y dé sentido no puede ser lo que consumimos ni lo que poseemos.

Como cristianas tenemos un tesoro para ofrecer nuevos relatos, nuevos modelos, nuevos caminos, como insistía el Sínodo de la Amazonía. Nuestra sociedad lo necesita y lo espera. La reciente encíclica Fratelli Tutti profundiza en esta invitación. El Año Laudato Si‘ nos propone que cada uno de nuestros espacios (familias, comunidades, colegios, parroquias, empresas...) se comprometan hacia la sostenibilidad completa en un camino de 7 años. Nos propone indicadores para medir nuestros avances: los 7 Objetivos Laudato Si‘, que REDES y Confer, dentro de la alianza Enlázate por la Justicia, estamos divulgando a través de propuestas concretas. Y nos abre ya a un Jubileo por la Tierra en el que la Creación y sus criaturas podamos ser restauradas.

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