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Acompañar de otro modo

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ACOMPAÑAR... DE OTRO MODO

Unos días antes del cierre de los centros escolares y de que se decretara el estado de alarma, hablamos y valoramos la situación que se estaba viviendo en la comunidad y decidimos suspender las clases en la Escuela de Adultos del Barrio del Pilar ante lo que ya se percibía como una creciente y rápida expansión del covid-19, y que la gente mayor era especialmente vulnerable. La escuela, como ya sabéis, además de lo que puede implicar de aprendizaje, de conocimiento, de adquirir destrezas… es para las mujeres un espacio fundamental de encuentro, de relación, donde poder expresar y compartir lo que viven y ser escuchadas…

Si en otros centros educativos se ha buscado con creatividad cómo seguir el proceso de aprendizaje, cómo acompañar a los alumnos y sus familias, cómo apoyar en este momento… ¿qué hacer en la Escuela, donde los medios telemáticos no son viables y donde las alumnas son, frecuentemente, mujeres mayores que viven solas y experimentan con mayor crudeza lo que implica el confinamiento y la pandemia? ¿cómo seguir cuidando al grupo de profesores voluntarios que viven con ilusión su servicio y hacen posible la labor de la escuela un año tras otro?

El medio es muy sencillo, el que utilizamos muchas y muchos, el teléfono. Cada día, un espacio grande de la tarde lo dedico a llamar a cada una de las mujeres de uno de los cursos de la escuela. Al menos, una vez a la semana, hablo con todas ellas. Es un momento de encuentro, de escucha, de dar ánimo, de interesarme por su situación, de que puedan expresar qué están viviendo y cómo están viviendo… En este tiempo algunas de ellas han sufrido el coronavirus, viviendo la cuarentena en su casa o en el hospital, otras han tenido ingresado al marido… todas experimentan fuerte la soledad, el no poder tener la visita de los hijos (las que los tienen). Todas han vivido de modo estricto el confinamiento y tienen miedo a salir… Agradecen que, según los casos, son los hijos, los nietos, los vecinos, los servicios sociales del Ayuntamiento… los que les hacen la compra y les llevan lo necesario para que no tengan que ir a la calle.

La dinámica creada va haciendo que, si sienten que se retrasa mi llamada, son ellas las que me llaman y están preocupadas por si estamos bien, por si nos ha pasado algo a la comunidad… Siempre me llega de ellas agradecimiento y alegría por ese rato de encuentro, de sentir que se está pendientes de ellas, interesadas por su situación…

También, es frecuente la llamada a los profesores, el diálogo con ellos y el comunicarles si hay alguna situación especial… Algunos de ellos, también hacen este acompañamiento llamando a las mujeres del curso en el que dan clases.

Cuando en la comunidad, nos planteamos de qué modo podemos tender la mano en este tiempo de confinamiento, esta fue una de las tareas que vimos comunitariamente que podíamos hacer, en continuidad con la vida ordinaria.

Para mí, como para las mujeres, este encuentro cotidiano, es ocasión de agradecimiento; también de aprender de ellas cómo afrontan la situación, desde la fragilidad, la soledad, en muchos casos la escasez de recursos, el no poder valerse de medios como la compra por internet, etc.; aprender de ella cómo la viven con responsabilidad, con serenidad y “paciencia”; es una ocasión de seguir educando, ayudando a vivir, desde un acompañamiento diferente.

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