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Reconsiderar los principios y las praxis

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¿Quién va a ayudar a realizar esta tarea radical de identificación de principios orientadores para una acción educativa que necesariamente tendrá que sufrir una metamorfosis en la praxis?

Los efectos de la pandemia del coronavirus han transcendido cualquier posible hegemonía de saberes aislados y ha colocado a los educadores en la búsqueda de principios que in-formen con acierto; principios como educar para vivir en un mundo globalizado dónde el prójimo ya no sea el próximo sólo desde el punto de vista del espacio -cercanía física- sino también desde el tiempo, es decir, desde los vínculos que surgen por pasado, presente y futuro compartidos.

¿Quién va a ayudar a realizar esta tarea radical de identificación de principios orientadores para una acción educativa que, debido a la magnitud de las crisis sanitaria y económica, necesariamente tendrá que sufrir una metamorfosis en la praxis?

Surge en mí escepticismo si pienso en el Ministerio de Educación y Formación Profesional liderado por Isabel Celaá, o en el posible diálogo del conjunto de gobernantes que proclaman estar asesorados por expertos en educación… más bien apuesto, para dilucidar itinerarios educativos que respondan a los desafíos actuales, en la tarea reflexiva -dentro de los mismos centros educativos- de quienes están en la primera fila de la batalla.

Querido lector o lectora: ¿Compartes conmigo que educar implica responder juntos a los desafíos sociales? ¿Crees, al igual que yo, que la pandemia del coronavirus ha puesto sobre el tapete el reto de la búsqueda de principios humanistas para una nueva era educativa junto a cuestiones prácticas como intentar mejorar las clases online realizando cursos exprés donde se adquieran las competencias necesarias (conocimientos, aptitudes y habilidades) o adentrarnos en la realidad virtual inmersiva para acceder a sus posibilidades pedagógicas?

Voz autorizada, como la de José Luis Corzo, nos regalaba una reflexión en noviembre del 2019 titulada “La escuela necesita una urgente autocrítica”.

Probablemente, aún no había indicios para atisbar los efectos de esta pandemia vírica, pero se profetizaba con claves que, en la situación actual, nos dan luz; por ejemplo, se decía que la novedad de la palabra educación en labios del Papa Francisco está en “desligar la educación de la intención,  proyectos y programas de los maestros, porque la educación no se da ni se recibe; más bien, se acompasa con la propia vida (colectiva), con nuestra respuesta a los desafíos comunes”.

Creo que este momento histórico está solicitando reconsiderar los principios y las praxis educativas. Ojalá, junto a leyes y orientaciones que emanen de una comunicación eficaz entre máximos responsables del Ministerio de Educación y educadores de a pie (una de sus características tendría que ser la flexibilidad a la hora de hacer uso de ellas), surjan estrategias de razonamiento lógico donde se complementen método inductivo y deductivo, con especial acento en el primero.

Aterricemos en “un caso”:   ¿Qué decisión colectiva tomar hoy por un claustro de docentes, bajo el principio de “aprender a aprender”, con un alumno que regularmente faltó a clase en una asignatura durante el primer y segundo trimestre de este curso escolar, no entregó ninguna tarea ni se presentó a las pruebas escritas, cuando su madre exige en este tiempo de confinamiento una solución para su hijo que no se atiene a las posibilidades que ofrece la plataforma educativa de la que dispone el centro para comunicarse con las familias?  ¿Se decide que sea “un aprobado asintomático”

Me atrevería a decir que, mirando hacia adelante tras esta pandemia del Covid-19, la tarea educativa tiene que nacer de nuevo para engendrar un mundo de hombres nuevos y mujeres nuevas que cuiden una casa de próximos también nueva; para ello, fomentemos el diálogo entre las tendencias educativas contemporáneas más significativas, la pedagogía y la espiritualidad.

 

Reconsiderar los principios y las praxis Alicia Ruiz López de Soria, odn

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