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Siempre será nuestra casa. ¡Gracias Solsona!

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Sabemos que sólo Dios es eterno; que nosotras y nuestras obras somos contingentes pero cuando un cierre toca de cerca, duele. Para las generaciones de alumnas que nos educamos en las aulas del colegio de Solsona nos parecía que los muros de aquella casa eran tan sólidos que la convertían en  imperecedera. Por esto la fiesta de adiós pensada y programada para el domingo día 5 de julio tenía un sabor agridulce, dulce por lo que suponía de encuentro pero con el amargo sabor del arrancón que siempre es doloroso.

La jornada empezó con una eucaristía en la catedral de Solsona, presidida por el obispo Xavier Novell acompañado por varios sacerdotes de la localidad. Al entrar, la imagen de Juana de Lestonnac junto al altar mayor, proporcionaba un aire de familia, de confianza, aunque con cierto toque de nostalgia. La eucaristía fue un brindis de acción de gracias por tanta vida acumulada a lo largo de los 262 años de existencia de la Compañía de María en esta pequeña ciudad.

Al finalizar la celebración nos dirigimos a la entrada del colegio. Allí, Nelly Andrés, superiora provincial, acompañada del obispo y del alcalde de la ciudad descubrieron una placa colocada en agradecimiento a la Compañía. Un libro abierto de par en par, con el anagrama de María en el centro, un texto de reconocimiento a las religiosas que han hecho historia, en una de las páginas y en la otra una cruz expresando la trascendencia de la misión a la que fueron y seguimos siendo llamadas. Cuando el diseñador de dicha placa leyó el significado de la misma, la emoción se dibujaba en los rostros de los asistentes al acto.

A continuación nos dirigimos al patio del colegio preparado para los distintos parlamentos que iban a tener lugar: El señor Obispo, el alcalde, el director de la escuela Arrels, profesores y antiguos alumnos. Las palabras, cálidas y emotivas, se alternaban con actuaciones musicales brillantes, vibrantes y sentidas a partes iguales. En nombre de la Compañía tomaron la palabra Nelly Andrés, superiora provincial, Ma. Teresa Alegre, superiora de la comunidad y Ma. Josep Dach. A la M. Provincial se le regaló un busto de la Virgen del Claustre, patrona de la ciudad, como símbolo  de la relación que se ha entretejido entre Solsona y la Compañía de María. Se quiso obsequiar también a cada una de las religiosas que constituyen la última comunidad de la casa de Solsona: un ramo de flores, un diploma y unos detalles. Personalmente, me impactó la sinceridad, la emoción y el afecto que desprendían los distintos mensajes. La gente de esta comarca, tal vez por ser del interior, no suele ser muy expresiva; más bien es parca en palabras con silencios harto elocuentes pero el domingo la emotividad del acto rompió estereotipos. Nos abrazábamos con la mirada, nos animábamos con una sonrisa y nos prometíamos no dejar caer en el olvido tantos eslabones de historia.

Había una petición generalizada que con distintas palabras se iba repitiendo: “Podéis cerrar la casa de Solsona si las circunstancias lo requieren pero no abandonáis la ciudad que siempre será  vuestra casa”. Así lo creo. Juana de Lestonnac, que permanecerá en la catedral de Solsona guardando el legado de todos estos años, será siempre un reclamo. En las nuevas generaciones ella seguirá viendo la huella educativa dejada por sus hijas en esta ciudad y —libre ahora de los límites temporales—pensará que ciertamente quien edifica su casa sobre roca, aunque caiga la lluvia, vengan los torrentes, soplen los vientos y embistan la casa, esta no se cae porque está cimentada sobre roca. (Cf Mt 7,24-25)

Claustre Solé odn

Aquí tenéis algunas imágenes.