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Por los 166 años de presencia de las religiosas en Santander

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¡Gracias!

Ciento sesenta y seis años en COMPAÑÍA de MARIA

El 14 de abril de 1852 Salieron de Barcelona siete monjas con el objetivo de fundar un Monasterio-Colegio para la educación de niñas en Santander.

Pasaron once días de duro viaje, con copiosas lluvias que hicieron que las ruedas de las diligencias se atascaran repetidamente en el barro, pero las intrépidas monjas, llenas de coraje lograron llegar a su destino.

Las religiosas eran: 

Francisca Pellicer, Rita Julibert, Joaquina Sastre,  Teresa PonsFrancisca PlaCatalina Rosés y la Srta. Catalina Vila, postulante.

En Santander las esperaba Doña Juana Echarte y Menezo, con su dote y su ilusión por fundar e ingresar como religiosa, en una Casa de la Orden de Nuestra Señora (o monjas de La Enseñanza) como se las conocía popularmente por su dedicación a la educación, desde que, en 1607 fue aprobada por la Iglesia la Compañía de María, fundada en Burdeos por Santa Juana de Lestonnac.

También les esperaba un grupo de seglares, muy interesados en lograr la fundación, que se estableció de manera provisional en una casa de la calle Santa Lucía. 

Como los trámites fundacionales se desarrollaban con lentitud, Doña Juana Echarte y Menezo no tuvo paciencia y decidió ingresar en las Trinitarias del Toboso, para lo cual pidió su dote, lo que afectó de modo importante al proceso de la fundación de la casa. 

El obispo de Santander Don Manuel Arias Teyjeiro, fundador del Seminario Conciliar de Monte –Corbán, ayudo a las religiosas en estos difíciles momentos.

La primera piedra de esta casa se puso el 26 de febrero de 1854, en el Prado de Viñas

A lo largo del tiempo el edificio fue utilizado para responder a distintas necesidades: hospital en las guerras carlistas, albergue para las víctimas del Cabo Machichaco, acogida a los siniestrados del incendio de 1941, Sede de la Parroquia de San Francisco… realmente comunidad y casa de acogida en distintas circunstancias.

Cuando las religiosas tuvieron que dejarlo, con motivo de la Guerra civil, fueron ACOGIDAS generosamente en diversas casas de Santander:

• En casa de la Srta. Mª Luisa Díez de Velasco se acogió al Noviciado.

Doña Elisa Anero se hizo cargo de las mayores y enfermas y, cuando ella llegó a su ancianidad, la Comunidad la recibió y atendió hasta el fin de sus días.

Desde aquel inicio, una larga cadena de mujeres entregaron su vida día a día en el colegio y en la comunidad, por el bien de la infancia y la juventud, llenando su nombre: “monjas de la enseñanza e hijas de Nuestra Señora”.

Con el paso de los años aparecieron distintos retos educativos: incorporación de nuevos planes de enseñanza, Bachiller Técnico, coeducación, incorporación de laicos en los equipos docentes… y se fue respondiendo a ellos con creatividad. 

Desde la fundación nos ha acompañado el reto y la encomienda de Santa Juana:

• Mantener la llama

• Tender la mano

• Llenad vuestro nombre.

Hoy celebramos esta eucaristía de acción de gracias, por todo este camino y siguen resonando en nosotras las palabras de Santa Juana de Lestonnac:

“Nada tenéis que temer si vuestros intereses son los de Nuestra Señora”.  Santa Juana de Lestonnac

Algunas imágenes de la celebración, aquí. 

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