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Caranza "deja huella"

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Durante la semana del 2 al 7 de julio, cuatro alumnos de la Compañía de María de Santiago de Compostela, Vigo y San Fernando (Cádiz), pertenecientes a los cursos de 1º y 2º de Bachillerato, nos reunimos en la comunidad del colegio Santa Juana de Lestonnac de Caranza, en Ferrol, para realizar durante dichos días diferentes actividades de voluntariado.

En primer lugar, decir que la experiencia de vivir en comunidad ha sido completamente nueva para dos de nosotros, pero para los cuatro ha sido satisfactoria, nos hemos sentido como en casa, muy respetados y queridos, gracias a que todas han sido muy cercanas con cada uno de nosotros. 

Ya en lo referente al voluntariado, comenzábamos con la oración de la mañana con la comunidad. Luego bajábamos a colaborar con las actividades del campamento que organizaba el colegio y coordinaba Cristina, con niños de 3 a 12 años. En este campamento participábamos y ayudábamos como monitores. Llevamos a cabo talleres de cocina y robótica y, además, realizamos actividades o juegos cómo la búsqueda del tesoro, con las que todos disfrutábamos. Conectamos mucho con los niños y así mismo ellos con nosotros. También nos quedamos con un muy buen recuerdo de los profesores; pero sobre todo lo que más nos ha marcado ha sido el cariño impagable que recibíamos de cada uno de los niños. 

A media mañana nos desplazábamos al Centro de Día de personas de la tercera edad que tiene el barrio de Caranza, en el cual pasábamos el resto de la mañana. Con ellos hacíamos juegos y actividades para mejorar la memoria, la psicomotricidad fina… como juegos de palabras, sopas de letras, puzzles… y aprovechábamos para charlar. Finalmente en el Centro, ayudábamos a las trabajadoras a la hora de comer a trasladar a los ancianos, del salón, al comedor. De esta experiencia nos quedamos sobre todo con el agradecimiento que nos mostraban los ancianos, es algo que nos marcó mucho.

Poníamos fin a nuestra jornada de mañana y volvíamos a la comunidad para comer. Por la tarde hacíamos dinámicas de interioridad con puestas en común o salíamos a visitar Ferrol. La visita que más nos gustó fue la que hicimos al Museo de Construcción Naval, ya que fue una visita muy interesante por todo lo que nos encontramos en él.  

Una vez acabadas las dinámicas o visitas de la tarde, nos dirigíamos al albergue de Caranza en el que se encuentran aquellas personas que no tienen lugar en el que dormir. Allí se les daba de cenar y se les proporcionaban los medios necesarios de aseo, así como una habitación para pasar la noche. Una vez llegábamos los cuatro, junto a Isabel y Cristina, subíamos al comedor, nos servían la cena y cenábamos con ellos al mismo tiempo que tratábamos de establecer una conversación con aquellos que quisieran. Nos sorprendió que tan solo había tres mujeres, ya que los hombres eran la gran mayoría. Ellos nos contaban cómo habían llegado al albergue; en cuántos lugares habían estado antes de Caranza; cuál era su situación o cuál había sido ésta para acabar en el albergue. Nosotros también les contábamos por qué estábamos esos días haciéndoles compañía o intentando pasar un rato agradable todos juntos. Es la experiencia que más nos ha acercado a la realidad. Como ya comentamos en las recogidas de cada día, no somos conscientes de estas situaciones,  ya sea por ignorancia, desconocimiento,  rechazo… y la verdad es que es algo con lo que convivimos día a día y deberíamos ser conscientes y realistas. 

Una vez volvíamos a la comunidad, hacíamos la recogida del día y comentábamos todo aquello con lo que nos quedábamos de lo vivido o experimentado. Era en estos momentos en los que  la comunidad y nosotros teníamos más tiempo para conocernos y compartir otras vivencias de voluntariado o campamentos del colegio de años anteriores.

El día de la vuelta a casa no podíamos creer que ya habíamos terminado nuestros días de voluntariado. Hubiéramos querido quedarnos más tiempo, la despedida en la comunidad fue muy emotiva. Los cuatro fortalecimos la relación que teníamos; como ya dijimos, nos sentimos junto a la comunidad en familia y eso es algo que siempre agradeceremos. 

De este voluntariado nos quedamos con el cariño, la ayuda, el agradecimiento, la colaboración y la huella que tanto, los niños, ancianos, personal del Centro de Día, usuarios del albergue, trabajadores del albergue, profesores del colegio y la comunidad han dejado en nosotros, esperando que nosotros dejáramos huella también en ellos de una manera u otra, tanto con actos como con palabras. Solo podemos decir una vez más… Muchísimas gracias, de corazón.

Luis, Ana, Julia y Aida

 

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