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Gracias Barrio de Belén. Valladolid.

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Siempre es penoso despedirse de lo que se quiere, del que fue nuestro hogar durante unos años. Penoso pero en este caso agradecido. Porque echando una mirada serena hacia lo vivido, hacia el barrio y sus vecinos, no queda más que decir: gracias.

La Compañía de María llega al barrio Belén en septiembre del año 2001. Las primeras monjas trabajaban casi todas en el colegio de La Enseñanza, allí pasaban la mayor parte de la jornada pero desde el principio se interesaron por conocer, al menos teóricamente, el barrio y su historia.

A medida que fueron llegando otras religiosas con mayores posibilidades de implicarse en el barrio, lo fueron haciendo. Este mayor conocimiento ha ido acompañado de un progresivo cariño. 

Y como mujeres que llegamos a este barrio y hemos vivido en él, nos llevamos:

Desde el Hogar de mayores aprendimos que la ciudad no la mueven los grandes sino las personas sencillas, las mujeres que han trabajado, han hecho para sus hijos un futuro mejor que el suyo propio; han sufrido pero no están dolidas; han llegado a esa edad en la que quienes importan son sus hijos o sus nietos, o sus maridos con alzheimer. De tanto olvidarse de sí mismas, han hecho ese su estilo de vida. Buenas vecinas, buenas amigas, buenas compañeras. Dadoras de vida. ¡¡¡Mujeres!!

Un lujo vivir en Belén, nos dicen los amigos más comprometidos en proyectos de mejora de la sociedad. Una Asociación de Vecinos con solera en reivindicaciones; que lucha por las buenas relaciones vecinales, por la mejora de aspectos urbanísticos, por el problema del ferrocarril. Que apuesta por los niños (no hay más que asomarse la tarde de un viernes a La Campa), que no olvida a los jóvenes y a la mujer. Una Asociación que une la sencillez con la calidad.

Desde Cáritas parroquial hemos conocido las necesidades urgentes de personas concretas, intentando establecer relaciones desde la misericordia y la exigencia.

De nuestra parroquia, nos llevamos la misa de los domingos a las 10h00 en la que nos sentimos familia y reflexionamos a partir de la Palabra cómo actuar en la vida.

Somos conscientes de haber vivido en un barrio pacífico, lleno de buena gente. Asombra la capacidad de cooperar, trabajar juntos, estar atentos a lo que más se necesita.

Echaremos en falta La Campa, el árbol frente a la ventana, el cuidado del parque por los mayores, los juegos de los niños, las noches de los jóvenes, las tertulias de los mayores en los bancos, a la fresca; el recorrido por la calle Nueva del Carmen. La acogida y el cariño recibido.

Un lujo haber vivido en el barrio Belén.

¡¡Gracias!!

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