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Barró se mueve y se conmueve

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BARRÓ SE MUEVE Y SE CONMUEVE

 

Estar confinados, seguir confinados, vivir confinados, … son expresiones que hoy utilizamos con frecuencia y que se están haciendo habituales en nuestras conversaciones con aquellas personas con las que mantenemos contacto. Pero es evidente para todas que el confinamiento en un espacio grande, con terraza al exterior o un bonito jardín por el que seguir realizando algún paseo diario, no es lo mismo que el confinamiento de 10 personas en 50 o 60 metros cuadrados sin más salida a la naturaleza que las ventanas que nos permiten vislumbrar el cielo por un pequeño patio interior o por la estrecha calle en la que se sitúa la entrada principal de la vivienda. Y, no es necesario poner de relieve lo que supone ese confinamiento en lo que en Madrid llamamos un “shanqui” (contenedor de los que en las obras de construcción sirven para guardar el material), o en una chabola con tejado de uralita y sin más apertura que la puerta de acceso, o en una habitación realquilada en la que ha de concentrarse una familia completa.

Pues esa es la realidad de la mayoría de las familias en Puente de Vallecas, en Ciudad Lineal o en la Cañada Real donde Barró desarrolla su actividad socio-educativa desde hace 25 años.

A esa situación espacial hay que sumar todas las dificultades que supone la convivencia en un entorno en el que las relaciones, con frecuencia, estaban deterioradas previamente o los problemas se han vuelto tan acuciantes que resultan insostenibles para cualquier persona que no tenga unos “nervios de acero”.

Buena parte de las familias gitanas tienen en la venta ambulante su fuente básica de ingresos, ya de por sí precaria. El cierre de los mercadillos y la imposibilidad de realizar otras actividades, como la recogida de chatarra, la venta de fruta, u otras que procuraban algún ingreso diario, ha dejado a muchas familias en situación de emergencia social, sin ningún ingreso, y con serias dificultades para acceder a las ayudas previstas por el Gobierno.                                                                                    

 (Fundación Secretariado Gitano en Madrid)

Entre los migrantes (latinos, marroquíes, argelinos, rumanos…) los trabajos sin contrato legal han sido totalmente suspendidos sin posibilidad alguna de estar incluidos en un ERTE o subsidio oficial de ningún tipo.

De repente, y por la situación de pandemia que vivimos, hemos pasado todos de meros espectadores de la Semana Santa a ser actores de verdad, a vivir en carne propia la Muerte y Resurrección de Jesús de Nazaret. Y ante esta situación que nos conmueve y asusta, simultáneamente, las reacciones que van apareciendo a nuestro alrededor son muy diversas.

Desde Barró hemos podido ver el sufrimiento de muchas personas y su paralización ante la enfermedad y la muerte. Pero también hemos descubierto grandes signos de solidaridad que van dando sus frutos de vida nueva, de vida resucitada.

La gestión de ayudas “oficiales”, la creación de un fondo propio para emergencias alimentarias, la atención constante a cada persona para resolver inquietudes, desmentir bulos, orientar hacia beneficios sociales posibles, etc., van siendo una constante desde el primer día del confinamiento. La Junta Directiva, los Educadores y Voluntarios se están desviviendo para conseguir que el tan cacareado “que nadie se quede atrás” sea una realidad para todas las personas de nuestros barrios. Y esto significa horas de dedicación, búsqueda de recursos entre organismos oficiales y de carácter privado, planificación y desarrollo de actividades sugerentes para muchas personas con pocas habilidades para contener las tensiones que la constante convivencia en un entorno cerrado supone, etc. etc. No es fácil, creedme, mantener la esperanza en situaciones en las que falta lo más básico para la supervivencia.

Barró ha atendido alrededor de 600 familias y, tras reorientar a todas aquellas que eran susceptibles de ser auxiliadas por otros organismos, está acompañando, en la actualidad, a unas 370 familias para conseguir que, al menos, tengan asegurados los alimentos y productos básicos de limpieza e higiene. Pero la brecha digital se hace cada vez más patente. Muchos de los niños no pueden seguir el curso escolar porque en su casa se dispone, sí, de teléfono móvil; teléfono al que se le agotan los datos y acceder a las tareas escolares que facilitan los colegios se hace punto menos que imposible. Un importante número de familias ven amenazada su estabilidad porque no pueden pagar el alquiler de su vivienda y el casero no puede esperarles más. Algunas personas que presentan síntomas del covid-19 u otras patologías, tienen miedo de acudir a un hospital y se mantienen en la vivienda con el riesgo que eso comporta para ellos y su familia.

Pero en Barró contemplamos toda esa realidad trabajando sin descanso y estimulándonos unos a otros para que no decaiga el ánimo. Nos sabemos “tendiendo la mano”, al estilo de Juana de Lestonnac, sin límites, sin desencanto, manteniendo firme la esperanza.

De ahí que hagamos nuestras las palabras de Rita en su última carta a la Compañía:

Nos sentimos más vulnerables, más humanos, no tenemos reparos en expresarlo y, en estos gestos, podemos percibir lo que hay en nosotros de ese Dios que es amor.

El Señor está con nosotras. Su presencia cálida y discreta sigue haciendo “arder nuestro corazón” y ahí radica nuestra alegría, nuestra paz y nuestra esperanza, todo eso que tenemos que seguir transmitiéndonos entre nosotras y al mundo.

Todo eso que creemos que es Buena Noticia, que, para nosotras,  es Evangelio.

  Madrid, 26 de abril de 2020

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